dimecres, 9 d’abril de 2014

Tarjeta roja al ciclismo por los déficits en la visualización del evento deportivo

Lo demuestran sus datos de audiencia de tarjeta roja claros ante tal dispendio de medios.


Estan años luz de otros grandes acontecimientos deportivos y eso es una tarjeta roja clara a la organización como fallo esperpéntico en la previsión y la promoción del deporte del ciclismo. Mucha gente no entiende como ha bajado este aporte de gente que necesita de una buena siesta y con ella el ciclismo es algo asegurado. En ese sentido se retroalimentan o combaten con las farmacéuticas. No hay mejor cura para la falta de sueño que una buena siesta con un buen somnífero y viendo a la vez la Vuelta España.

Y lo explica la crisis del ciclismo como la tarjeta roja que es aunque se cuiden de esconderlo, que con su lista interminable de escándalos ha ido ha dilapidando en la última década buena parte de su credibilidad. Los responsables de las tres grandes vueltas, reunidos esta semana, califican el panorama como "muy preocupante". Y en un momento en que todo un deporte se tambalea, la Vuelta, que nunca tuvo el prestigio del Tour, ni siquiera el del Giro, acusa la crisis.


La Vuelta de la tarjeta roja es un espejo del ciclismo actual. Es una carrera golpeada por el dopaje, que dejó hace mucho de ser una sospecha. 


Basta echar un vistazo al palmarés de la carrera: en los últimos años, más de un nombre coincide con los del sumario de la Operación Puerto: Roberto Heras (campeón en 2000, 2003 y 2004, y desposeído de la victoria en 2005), Santi Pérez (segundo en 2004), Isidro Nozal (segundo en 2003), Francisco Mancebo (tercero en 2004 y 2005), Joseba Beloki (tercero en 2002), Ángel Casero (ganador en 2001), Óscar Sevilla (segundo aquel mismo año)...


A esto se suma la tarjeta roja de la ausencia de un ciclista español de referencia capaz de convocar a la audiencia cada tarde ante el televisor, como Pedro Delgado a finales de los ochenta o, a menor escala, José María Jiménez, el imprevisible Chaba, fallecido en 2003. Ese papel parecía escrito a la medida de Alejandro Valverde, que nunca se ha terminado de ver cómodo en él. Otro que puede calzarse el traje, el campeón del Tour, Alberto Contador, también ha preferido quedarse en casa.


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